domingo, 6 de enero de 2019

La Voluntad del Alfa - Parte 4

He dejado ayer la parte 3 por si no la vieron ;) Saludos y esperamos lo estén pasando bien <3

Parte 4


Lucas tomó aire frente a la puerta del estudio de su jefe, le habían dicho que estaba en plena junta con algunos de los ancianos de la manada y que llevaba toda la mañana poniéndose al corriente con los negocios de la familia. En cualquier otro momento Lucas no se pensaría el interrumpir, pero había llamado para que se lo pasaran y nadie había querido hacerlo,  contempló la idea de decirles lo importante que era que lo hicieran, pero también pensó que no sería apropiado ventilar los problemas del jefe en la familia. Así que ahí estaba tomando valor para interrumpir una reunión en la que el rango más bajo estaba al menos tres rangos por encima de su cabeza.
Finalmente después de mucho contemplarlo terminó por tocar a la puerta sin más.
Un silencio abrumador prosiguió a su golpe y después de casi medio minuto alguien abrió y lo vio con una muy merecida expresión de enfado.
-Señor es solo un Beta de clase baja- habló el que Lucas reconoció como un beta de clase alta, también era el nieto de uno de los líderes de “tribu” de su manda.
La manada de Lutero estaba compuesta por nueve tribus “gobernadas” por betas de clase alta o alfas de clase baja. Estas nueve tribus estaban bajo la protección y gobierno de la familia Lutero, quien poseía en su linaje sangre privilegiada, en cada generación había al menos un alfa de Clase alta quien eventualmente tomaría el control de la manada. Ellos eran una manada muy tradicional y considerablemente poderosa en el país.
Los grupos de su mundo en el país que podían compararse a la Manada Lutero eran pocas, entre ellas un par en otros territorios del país, la mafia subterránea, la asociación de seguridad Luna y El bufete de abogados de Lionel Fuentes y por encima de todos el consejo de justicia y ejecución.ba
-¿Un beta?- Anton se alarmó un poco y caminó a la puerta encontrando al chofer que había asignado a su pareja. Lucas era solo un chofer en la manada, pero había sido entrenado por la asociación de seguridad Luna como un guardaespaldas eficiente. No vio heridas en él pero eso no le impidió preocuparse por su pareja- ¿Qué sucedió?- preguntó y la habitación se enfrió de repente.
Lucas observó a la gente a su alrededor y pasó duro y tomó valor antes de hablar, él no era un cobarde, pero su alfa seguro lo intimidaba, no importa cuánto entrenamiento tuviera, aun era un beta de clase baja.
-Señor…me… me gustaría hablar con usted en privado si es posible…le…le aseguro que es importante-. Habló nervioso. Anton frunció el ceño preocupado.
-Un beta que no conoce su lugar- gruñó el beta de clase alta que había abierto la puerta, lo dijo por lo bajo pero todos ahí lo escucharon, eran lobos y sería raro si no lo hicieran.
-Ciertamente hay alguien aquí que no conoce su lugar- Anton giró el rostro hacia el beta de clase alta y le regaló una mirada reprobatoria- ¿desde cuándo un beta en entrenamiento tiene derecho a opinar sobre alguien de mi familia Lutero?
El muchacho que había hablado se tensó y dio un paso atrás y no tuvo el coraje de decir nada más. Era cierto que en teoría su rango era mucho más alto que el de un simple beta de clase baja que apenas y era un humilde chofer, pero también era cierto que ese simple beta pertenecía a la rama principal de la manada, podría ser un simple chofer, pero aún llevaba el apellido Lutero.
-Señores, será todo por hoy, pueden retirarse, continuaremos mañana a primera hora- indicó saliendo – Lucas, sígueme- le ordenó caminando a su estudio privado-. ¿Qué sucedió? ¿Dónde está mi pareja?- preguntó en cuanto estuvieron solos.
-Señor, su pareja me pidió que le llevara a una dirección, yo no sabía que era su casa- y aunque lo hubiese sabido el resultado no sería diferente, él no era quien para ir en contra de una orden  de la pareja del alfa-. Cuando estuvimos ahí, me pidió que le diera un mensaje…. él… él…- pasó duro.
-¿Qué dijo?- Anton frunció el ceño y apretó los puños ansioso.
-Él dijo: “Dile a tu jefe que volví a mi casa, que estoy claro en mi mente ahora y que no estoy feliz con la forma en que me mordió”-. Recitó de memoria- Señor, intenté llamarle de inmediato, pero nadie quiso pasarle la llamada por la importancia de su reunión y yo… creí inapropiado informar del motivo de mi llamada y volví tan pronto pude- soltó de golpe y bajó la mirada esperando su castigo.
-¿Lo dejaste solo?- preguntó Anton con voz ansiosa.
-No, no señor, dejé una guardia de protección rodeando la casa antes de volver.
-Bien- Anton suspiró visiblemente aliviado- hiciste bien Lucas, desde hoy estarás a cargo de la seguridad de mi pareja, vamos, llévame con él ahora mismo- ordenó caminando a la salida y Lucas parpadeó varias veces sorprendido de no solo no ser regañado sino además siendo ascendido.
-¡Si señor!- caminó a paso seguro tras Anton y cuando estuvieron afuera se adelantó y le abrió la puerta del auto.
Lucas tardó una media hora conduciendo hasta la casa de Carlo, era entrada la tarde y el tráfico no estaba tan pesado a esas horas.

En su casa, Carlo observó su casa y suspiró, todo estaba como cuando había salido la noche de su cita con Laura. Estaba algo nervioso por su situación actual así que se puso a hacer la limpieza para calmar su intranquilidad.
La casa era grande pero él estaba acostumbrado así que no tardó más de una hora en terminar con todo, lo último que hizo fue revisar el refrigerador, algunas cosas se habían descompuesto pero en su mayoría todo estaba bien aún. Las botellas de vino que había comprado para llevar a casa en navidad y año nuevo aún estaban ahí.
Recordó entonces que tenía que informar a su mama y hermana de lo que había pasado y decidió que lo más sabio era contarles el cuento del accidente. Quizá eso hiciera que no lo mataran.
Media hora más tarde aún estaba tranquilizando a su mama por teléfono y prometiéndole que estaba bien, que el médico le había dicho que estaba en perfecto estado y que iría a la cena de noche vieja al día siguiente.
Acababa de colgar cuando tocaron el timbre y el sonido lo hizo saltar en su sitio, su corazón se aceleró sin control y caminó a la puerta nervioso. Sabía quién era, podía sentirlo, como si lo llamara, a esas alturas solo le quedaba confiar en lo que Maya le había dicho y abrir la puerta.
-¿Tu chófer te dio mi mensaje?- preguntó nada más abrir, intentando mantener el control sobre sí mismo, pero estaba tan feliz de verlo que no tenía idea de qué clase de rostro estaba poniendo.
-Lo hizo ¿puedo pasar, cachorro?- preguntó con tono suave y Carlo apretó los labios y se hizo a un lado dejándolo pasar-. ¿Por qué estás tan molesto? Alguien… ¿alguien te dijo alguna cosa que te disgustara?- preguntó intentando ver dónde estaba parado.
-¿Por qué? ¿Temes que alguien me dijera algo? Digamos que estoy confundido respecto a nosotros, puedes decirme entonces ¿Por qué salté a tus brazos nada más conocerte?
-Eso es porque somos una pareja destinada cachorro, nuestras almas están conectadas.
-Eso suena muy bonito
-Es algo hermoso cachorro.
-Entonces me mordiste porque somos pareja…- indagó.
-Así es… te lo dije, es el símbolo de nuestra unión…
-Mmmm ¿Qué significa?- indagó aún más y Anton dudó.
-Que nuestras almas están conectadas por completo ahora…
-¿No quiere decir eso que somos formales o algo así ahora?
-Si- Anton sonrió- cualquier lobo o criatura de la noche sabrá ahora que eres la pareja de un alfa- aseguró orgulloso.
-¿No crees que tenía algo que opinar al respecto?- Carlo estaba conteniendo el enojo, ese hombre era sexy y deseaba volver a probar aquella boca deliciosa, en verdad solo verlo le comía el deseo, pero también sentía ganas de romperle su petulante rostro en esos instantes.
-Cariño, es solo un símbolo, nuestras almas ya estaban unidas desde nacer, además, si recuerdas te pregunté si estabas de acuerdo y…dijiste que sí cachorro- le sonrió orgulloso. Carlo llegó a su límite ante el cinismo de aquel sujeto y sin dudarlo le lanzó el teléfono que tenía en las manos al rostro. Anton se cubrió con una mano por desgracia y el teléfono solo golpeó su antebrazo.
-Eres un maldito cínico, ni siquiera te arrepientes en lo más mínimo.
-¿De qué debería de arrepentirme? ¿De ser tu alfa ahora? Es algo de lo que jamás me arrepentiré! ¡Eres mío!- aseguró con firmeza.
-¡No soy una maldita cosa! Y no era consciente de lo que hacía en esos momentos ¡y lo sabias! – se llevó una mano al cabello- lárgate de mi casa ¡no quiero verte!- exigió.
-Cachorro… no te pongas así- intentó acercarse.
-¡No me toques!- Carlo lo vio con ira líquida en sus hermosos ojos brillantes-. Ni siquiera eres consciente de cómo me siento, eres un imbécil que solo piensa en sí mismo. Entérate Antonio Lutero, no soy tuyo ¡no soy de nadie! ¡No soy una maldita cosa que poseer y poner en un estante!- le reclamó- lo siento mucho si el destino te jodió de esta manera, pero creo que se equivocó con tu pedido, espero que en la próxima vida te traiga al amante de juguete que pediste.
-No eres un amante de juguete cachorro.
-Me alegra que te des cuenta.
-Nunca he querido que lo seas…
-¿Oh si?- Carlo sonrió con ironía- entonces dime Antonio, cuando me jodías sin parar y esperaste a que no recordara ni mi nombre para morderme ¿aún recordabas que tengo voluntad? Cuando usaste mi estado vulnerable para hacerme decir toda clase de cosas humillantes ¿aún recordabas que tengo humanidad? ¿Te pusiste a pensar como me sentiría al volver en mi? ¿Siquiera te preguntaste si algo así me lastimaría?- le reclamó y Anton sintió que su cachorro le golpeaba el corazón una y otra vez- cuando decidiste que tenía que renunciar a mi trabajo para que tu pudieras seguir cómodamente con tu vida ¿pensaste en mis sueños? ¿En mis deseos? ¿Aún te atreves a decir que no me ves como un juguete para joder?- Antonio no supo cómo contestar- Eso me imaginé, lárgate Antonio, no quiero verte.
-Cachorro yo…- Anton se quedó helado en su lugar, intentando lidiar con el desprecio de su pareja-. Yo…- clavó los ojos en su pareja con tristeza-. Tienes razón, fui egoísta… pero no podía con la idea de pasar un segundo sin tenerte.
-No mientas y me insultes con tus palabras, si eso fuese cierto me habrías mordido el primer día, pero no, esperaste mucho antes de hacerlo- no podía recordar cuánto pero debieron ser mas de dos días.
-Fui un idiota…-pasó duro, el estaba sintiendo lo que era el poder de una pareja enojada sobre él, era un alfa y siempre había estado en la cima de la cabeza alimenticia, pero frente a su cachorro enojado estaba simplemente indefenso-. Hay… ¿hay alguna forma de que me perdones?- preguntó dubitativo.
Carlo estaba anonadado ante la actitud del enorme hombre frente a él, cuando 
Robert le había dicho que ese sujeto jamás podría dañarlo, él jamás pensó que fuese hasta ese extremo, el enorme sujeto parecía un perrito apaleado y temeroso.

-Yo… no lo sé- bajó la mirada, bastante indefenso ante la apariencia maltratada de su alfa-. Tienes que entenderme… todo esto es nuevo y difícil para mí…especialmente cuando no tuve siquiera tiempo de entender lo que me pasaba… creo que necesito tiempo.
Anton caminó hacia él y se detuvo a centímetros de distancia.
-¿Puedo estar a tu lado mientras lo piensas? ¿Me dejas intentar convencerte cachorro?- preguntó, Carlo levantó la mirada con duda hacia él y tomó una de sus manos- Esta vez por las buenas… fui un idiota antes- reconoció, aunque no estaba del todo convencido estaba dispuesto a bajar la cabeza ante Carlo para contentarlo- déjame demostrarte que merezco ser tu pareja…- pidió.
Carlo bajó la mirada y lo consideró, en realidad quería decirle que si de inmediato pero sentía que tenía que pensarlo.
-Está bien…- murmuró - no me hagas arrepentirme- le pidió. No quería sentirse como esas mujeres golpeadas que volvían al marido abusador una y otra vez. Una oportunidad… es todo lo que le daría a su relación.
-¿Puedo invitarte a cenar mañana?- preguntó besando uno a uno los nudillos de la mano derecha de su pareja.
-Tengo una cena con mi familia mañana- se lo pensó… quizá era muy rápido pero era mejor pasar por esto y saber si esa relación podía funcionar-. Puedes venir si quieres- agregó. Lo suyo ya era anormal, su familia era muy importante para él, a esas alturas si Anton no podía aceptar a su familia, entonces no tenía ni que considerar intentarlo de verdad.
-Cachorro… ¿hablas en serio?- ¡oh por dios! Las cosas no estaban tan mal si su dulce cachorrito quería presentarlo a su familia-. ¿Cómo me presentarás? – preguntó algo preocupado por ese punto.
-¿Qué?- preguntó molesto y frunciendo el ceño- ¿te preocupa que les diga que un hombre grande como tu esta con otro hombre?-. Él nunca se había sentido atraído por un hombre en su vida, pero estaba dispuesto a aceptarlo por el que tenía enfrente, Si Anton esperaba que fuera su sucio secreto entonces no tenían que pensarlo más, eso no tenía futuro.
-¿Bromeas cachorro?- Anton sonrió y le rodeó la cintura con la mano libre atrayéndolo hacía sí- muero de ganas de gritarle al mundo entero que eres mío y soy tuyo- le aseguró-. ¿Por qué no me hablas de tu familia? Me pone un poco nervioso conocerlos. De mi lado solo tengo un hermano, pero no está por aquí la mayor parte del tiempo, no tendrás mucho que conocer- Le sonrió.
Carlo pasó duro observando al hombre hablar, ¿por qué tenía que lucir tan encantador? Parecía que también sabía decir las cosas correctas en ocasiones.
-Bueno- murmuró un poco más tímido- Está mi mamá…mi hermana, su marido, mi sobrina…mis primos- comenzó a murmurar, sintiendo que mientras hablaba Anton había comenzado a besar su cuello, pero no se negó, solo cerró los ojos y siguió hablando- ¿me estás escuchando?
-Cada palabra cachorro, pero también necesitaba saborearte… eres tan delicioso- la voz gruesa y baja en su oído envió escalofríos por todo el cuerpo de Carlo- cachorro… ¿el sexo está prohibido?- consulto.
-¿Se…sexo?- las escenas de los últimos días pasaron rápido por su mente y se recordó rogando y diciendo todas aquellas cosas vergonzosas- ¡No!- sentenció y Anton suspiró abatido.
-Será como tú quieras cachorro- se lamentó y le dio algunas besos inocentes en el rostro. Carlo lo podía sentir duro contra su vientre pero no hizo amago de seguir, en cambio lo abrazó con ambas manos por la cintura- continua hablándome de tu familia.
Carlo lo observó varios segundos, asegurándose de que de verdad no intentara nada más y el calor subió a sus mejillas.
-Bueno… pero sin juegos raros ¿si?- pidió inseguro.
-¿Cómo cachorro?- Anton preguntó temiendo haber escuchado mal.
-Que… que el sexo está bien si no es… muy sucio…- respondió.
Anton podía ver a leguas que su cachorrito era un hombre que no era muy liberal con el sexo, evidentemente le incomodaban las cosas que habían hecho antes así que le sonrió y le acarició la mejilla.
-Nada sucio, entonces está bien ¿verdad?- preguntó suavemente y Carlo asintió.
Anton le acarició el rostro y su mano se movió hacia su nuca, lo sujetó fuerte y buscó su boca, era un hombre posesivo y era imposible ocultarlo en algunas cosas, su mano en la cintura de Carlo lo apretó a su cuerpo y el beso lento pronto se volvió uno apasionado.
Carlo no tardó en agitarse cuando el deseo lo consumió y subió las manos al cuello ajeno y se aferró a él mientras lo besaba como queriendo bebérselo por completo. Anton le subió la playera y Carlo coopero dejando que se la sacara por encima de la cabeza.
-¿En dónde esta tu habitación cachorro?- preguntó llevando sus besos por el mentón y por el cuello.
-Segunda planta…la…la última del pasillo derecho….- jadeó enredando sus dedos en el cabello ajeno.
-Bien- Anton aceptó y lo levantó por los glúteos cargándolo, Carlo le rodeó la cintura con las piernas y Anton los llevó sin problema hasta la habitación sin dejar que su boca se separara de la exquisita piel de su pareja- me encantas…eres tan exquisito…
Carlo jalaba la cabeza ajena hacia su piel, no teniendo suficiente de sus besos, su piel estaba sensible y necesitada, quería sentir su boca en cada rincón. Anton abrió la puerta sin dificultad y tras entrar no tardaron en ir a dar en la cama. Fue diferente de antes, en que el calor los tenía desesperados y ansiosos, en que el calor era insoportable y buscaban un alivio angustioso.
La forma en que rodaron por la cama fue placentera y lenta, Carlo gimió disfrutando de cada caricia, sintió como adoraba su cuerpo y buscó con cariño y una sensual pasión los labios ajenos, su cuerpo  contra el de su alfa.
El sexo en definitiva no fue como el anterior, fue mucho más sensual, mucho más lento y profundo. Carlo se sumergió en caricias íntimas y un placer intenso y diferente a lo que había tenido hasta ahora.
Por la mañana despertó envuelto en los brazos de su pareja y no se sintió mal, se sentía cómodo y cálido, sentía que todo estaba en su sitio.
-¿Despertaste cachorro?- la voz ronca de Anton fue lo primero que Carlo escuchó al despertar y asintió haciendo un ruido de afirmación.
-Desperté… ¿tienes que irte pronto?- preguntó.
-no-, tenía una junta a primera hora de la mañana pero tenía pensado posponerla hasta después de año nuevo, o mejor aún llamar a su hermano para que se hiciera cargo de todo, el maldito se la pasaba de viaje todo el año, bien podía hacer algo por su hermano ahora que deseaba concentrarse únicamente en consentir y ganarse a su cachorro-. Tenía una junta en casa, pero llamé hace un rato y resulta que se canceló- habló de forma ambigua.
-Qué bueno- Carlo aceptó sin problemas, era un hombre abierto con sus sentimientos, era del tipo que era cariñoso y atento con su pareja y era algo que Anton estaba por descubrir-. ¿Quieres desayunar aquí? Te prepararé algo- preguntó cerrando los ojos y acurrucándose contra él.
El enorme alfa se sorprendió gratamente por el gesto, estaba un poco más encantado con su pareja.
-¿De verdad quieres cocinar para mí?- preguntó curioso.
-Mhm- Carlo asintió aun sin abrir los ojos- cocino muy bien ¿sabías? Te aseguro que no te disgustara- prometió.
-Estoy seguro de que no- Anton sonrió acariciando el cabello del policía. Carlo había tenido razón, él había sido un completo idiota… por primera vez aceptaba sinceramente que lo era.
¿Qué demonios habría logrado encerrándolo en la mansión y dándole todo lo que quería? ¿Podría recibir un desayuno de su pareja entonces? ¿Estaría en esa casa lejos de todo solo ellos dos entonces? A él comenzaba a gradarle mucho la casa de su pareja.
-¿Quieres que prepare el baño?- preguntó dulcemente.
-Eso sería maravilloso- Carlo abrió los ojos y se estiró- pero toma un baño largo tu, me daré una ducha rápida y bajaré a hacer el desayuno- le dio un pico en los labios y sin más se levantó para entrar al baño.
Anton estaba asombrado del comportamiento de su cachorro, cuando había intentando llenarlo de regalos y darle lujos y comodidades su cachorro no parecía haber estado en absoluto feliz, pero parecía increíblemente cómodo y entregado si lo dejaba tener el control.
-Mmm – parecía que iba a tener que ceder el poder con este cachorrito.
Observó su celular y lo tomó comenzando a hacer una lista de compras que enviar a su asistente, él necesitaba regalos, muchos regalos, quizá su pareja no los quería por ahora, pero si quería ganarse a la familia política necesitaba una muy buena impresión.
Estaba haciendo la lista aun cuando Carlo salió del baño duchado y vestido.
-Si estás ocupado, no deberías quedarte solo para complacerme- le aseguró caminando a él y sentándose en la cama.
-No te preocupes cachorro, solo hacia un par de notas- lo jaló para sentarlo en sus piernas y hundió el rostro en su cuello.
-Hueles delicioso…cachorro…no es que me queje pero estas…muy diferente de ayer…- murmuró.
-Bueno- Carlo ladeó el rostro- yo dije que le daría una oportunidad a lo nuestro ¿verdad?- preguntó- quiero darnos una oportunidad de verdad, sin trampas, si levanto defensas contra ti no creo que pueda llegar a saber de verdad lo que esto puede ser…me gustas…-suspiró- de verdad me gustas tanto, mi corazón parece que quisiera explotar en mi pecho cuando estás cerca, de verdad quiero tanto estar contigo…quiero intentarlo de verdad Anton, soy serio…si…si tu no lo eres te ruego que me lo digas…
Anton notó que lo que había entendido hasta ahora era completamente diferente a lo que sucedía en verdad. Cuando pidió una oportunidad en verdad aun pensaba en formas de engatusar a su cachorro y mostrarle cuan bueno era estar a su lado, mostrarle que podía ser una pareja adecuada…el había sido tan superficial. Con Carlo en sus brazos, tan entregado, tan honesto, tan limpio… él sintió que el destino le había dado mucho más de lo que merecía.
-Lo soy…soy serio- y lo era de verdad.
Acarició el rostro de Carlo suavemente, parecía como si de repente pudiese verlo claramente, como si antes solo alcanzara a verlo entre sombras. Ésta era su pareja…este hombre sería su compañero toda la vida y era tan perfecto.
-Fui un idiota antes cachorro- murmuró- lo siento mucho.
Carlo asintió, esta vez sentía que Anton era sincero.
-Está bien…- el perdonaba fácil cuando era sincero- pero hay muchas cosas que tenemos que hablar aun, no voy a dejar mi trabajo Anton, me gusta mi trabajo, lo disfruto mucho y no quiero dejarlo.
-Entiendo cachorro, fue estúpido de mi parte querer quitártelo.
-También quisiera seguir viviendo aquí, no es que tu casa no sea maravillosa pero creo que no estoy listo, me gusta mi casa y me gusta tenerte aquí.
-También me gusta estar aquí, entiendo que quieras tu espacio cariño, solo espero que estés preparado para tenerme aquí muy muy seguido- advirtió.
-Eso me encantaría- Carlo sonrió.
-Mi familia es un poco hippie, no les importa si salgo con un hombre o una mujer, ellos... – se rascó la nuca-... mamá y papá son más o menos normales, mi hermana es solo un poco mandona…mis primos y mis tíos… ellos son un poco demasiado liberales, así que tenles paciencia ¿si?- pidió de repente. Él tenía un poco de miedo de que alguno de sus primos lo invitara a una orgía o algo así.
-¿Por eso eres tan conservador?- Anton supuso que su familia tenía algo que ver con el rechazo de su cachorro a experimentar un sexo algo más atrevido.
-Quizá…- Carlo aceptó y bajó la mirada- si el sexo es un problema….
-No lo es bebé…jamás- le aseguró- tenerte conmigo ya es más que suficiente.
-No… no me siento tan mal con lo que hicimos- confesó- solo…necesito tiempo- los recuerdos lo excitaban y avergonzaban por igual, en el fondo quería volver a jugar un poco con Anton de aquella forma, pero tenía vergüenza también.
-No te preocupes por esas cosas cachorro, tenemos todo el tiempo del mundo- le besó el mentón.
Carlo solo le sonrió y Anton suspiró, se suponía que la voluntad de un alfa era inquebrantable, él había crecido bajo esa norma sobre sí mismo, pero ahora… simplemente su voluntad era nada, si se trataba de su pareja él era endeble como gelatina, la tan aclamada voluntad del alfa era masilla en las manos de ese joven humano y simplemente era perfecto.