viernes, 13 de julio de 2018

Cinderela 14

Me faltaba el capítulo 13 aquí, no lo noté, pero entonces acabo de recordar que el día que se descompuso la computadora fue el día que estaba publicando. Perdón por la demora!


Capítulo 11



— Buenas noches— Desya habló con tono avergonzado, Miller por su parte se quedó helado en su sitio, ese era su hijo ¡Dios! tenía grabado su rostro en su mente, su preciosa cara después de todos aquellos años sin verlo, era imposible que no lo reconociera así solo hubiese podido verlo de lejos en la iglesia — Yo… como ve, no estoy armado ¿podría pasar?— el muchacho volvió a hablar con el mismo tono y se frotó los brazos, la antorcha le iluminaba de lleno el rostro y podía ver sus mejillas rojas y los labios ligeramente amoratados, la ropa que tenía ni siquiera era lo suficientemente abrigadora como para estar en un lugar techado, mucho menos a la intemperie. Miller quitó rápidamente la cadena y abrió la puerta.

—Entra hijo – la palabra se le salió en automático pero el menor no pareció darse cuenta del verdadero significado de la palabra, pues sonrió agradecido pasando al interior. Solo estar dentro cerró la puerta nuevamente y le guió a una silla cerca del fuego que se extinguía en la chimenea y lo avivó esperando que su muchacho pudiese entrar pronto en calor— Espera, te traeré una manta— anunció y Desya se preguntó qué clase de guardabosques era aquel hombre, se veía fuerte pero no era del tipo que intimidaba, más aún, el sujeto parecía demasiado amable. Aceptó la manta que le llevó y sonrió cuando el otro la acomodó sobre sus hombros, estaba devastado hasta hacia unos instantes y de repente se sentía como si hubiese llegado a su hogar… realmente debía estar muy afectado.

—Gracias— se abrigó pensando qué diablos iba a hacer de ahí en adelante.

—Pero jovencito ¿qué haces a estas horas caminando por el bosque?— ¿qué era lo que hacía ahí? ¿Por qué no estaba con su pareja en Palacio disfrutando de la celebración? Acaso… ¿acaso no era como Alastor le había dicho? Desya por su lado sonrió, se veía nervioso, le vio girar los ojos y ver el techo antes de volver a verlo… aun tenía aquel hábito cuando mentía, lo tenía desde pequeño.

— Bueno. Yo solo salí a dar un paseo y me perdí en el camino, en realidad no sé cómo es que terminé por aquí, usted podría indicarme… ¿cómo salir del bosque?— Miller se sentó en una silla frente a él y le sonrió, era lógico que en la situación en la que estaba Desya no quisiera decirle la verdadera razón de cómo había llegado hasta ahí pero necesitaba saber…

—Claro muchacho, conozco el bosque, puedo sacarte cerca de Palacio, cerca del pueblo o al camino que lleva al reino del este.

—Al este, al reino del este, es ahí donde quiero ir— Desya contestó tan efusivamente que el mismo notó lo raro de su reacción— es decir soy de ahí y seguramente mis compañeros tomarán ese camino… —no hubo tiempo de que nadie dijera nada más pues los fuertes golpes en la puerta hicieron saltar a Desya y fruncir el ceño a Miller.

—¡Soldados del Rey!¡Abra la puerta!—la voz alta y firme era completamente militar, Miller supuso que estarían ya buscando a la novia perdida y al parecer una que no tenía ganas de regresar, bien , no sería él quien le llevara de vuelta.

—Escóndete tras la cama. Rápido— le indicó al rubio y este obedeció en automático asintiendo y obedeciendo, Miller se aseguró que no fuera visible desde la puerta y después abrió con una actitud bastante diferente a la que había tenido hasta ahora, aunque simplemente abrió a medias como lo había hecho con Desya en un principio.

— ¿Qué buscan soldados aquí?— su voz se escuchaba irritada, muy diferente al tono que usaba al hablarle a Desya y esto sorprendió al rubio escondido, uno pensaría que hablaría con más diligencia a los soldados del rey.

—Estamos buscando a un joven rubio…— comenzó a hablar el soldado y Desya escuchó como lo describirían, altura, color de piel, color de ojos, complexión, su descripción era tan malditamente detallada que sería imposible que el sujeto no se diera cuenta de que a quien buscaban estaba escondido tras la cama— Esconderlo u ocultar información sobre su paradero será merecedor de la pena capital— Miller no pareció inmutarse, Desya levantó un poco la cabeza viendo por encima del borde de la cama. Estaba seguro de que lo entregaría y aunque le hubiese gustado correr no tenía a dónde, ellos estaban en la única salida de la cabaña.

—No he visto a nadie con esas características por aquí —respondió Miller. Desya no podía ver al soldado que hablaba con el hombre pero se quedó anonadado ante su respuesta, se quedó tan sorprendido que su atención se centró solo en el sujeto que lo estaba escondiendo, no supo bien qué fue lo que el soldado le dijo porque lo siguiente a lo que prestó atención fue a la risa despreocupada de su actual protector— Lo tendré en cuenta – había cierto tono en su voz que le decía que realmente se estaba burlando del hombre mientras le cerraba la puerta en la cara. Desconcertado, salió lentamente de su escondite. Parecía obvio que el sujeto sabía que era a él a quien buscaban… ¿o no? ¿Tal vez se había creído su historia y no quería que lo confundieran?

“Claro Friggs, y los cerdos vuelan”

—Parece que ya han salido a buscarte muchacho, no puedes quedarte aquí— indicó, Desya lo vio rebuscando en un viejo baúl y agradeció al menos que lo cubriera, aunque al parecer estaba a punto de echarlo de ahí— Tienes que cambiarte rápido, te llevaré al camino hacia el reino del este, conozco el bosque mejor que los soldados, si nos apresuramos podremos evitarles— le habló. Desya se quedó observándolo ¿qué cosas estaba diciendo?— Aquí están, tengo algo de ropa que seguro te queda, es apropiada para un largo viaje— lanzó sobre la cama ropas e incluso un par de botas de cuero— debo tener algo de comida que pueda aguantar unos dos días— murmuró más para sí mismo que para el muchacho, éste no se movió y el hombre le vio frunciendo el ceño— ¿Qué pasa, hijo? comienza a cambiarte que el príncipe no va a estar tranquilo hasta que vuelvas, créeme— lo regañó y Desya abrió grandes los ojos.

—Usted… usted sabe quién soy— aseguró y Miller suspiró asintiendo.

—Lo sé muchacho. Estuve presente hoy en tu boda… no sé qué sucedió pero si huiste tus razones debes tener— no sería el quien enviaría a su hijo a vivir una vida como la suya, primero muerto, él ya estaba perdido, su hijo no.

—Pero usted… ¿qué pasa si lo descubren?— preguntó preocupado y Miller le sonrió pero se encogió de hombros.

—Correré el riesgo, ahora apresúrate a menos que quieras volver a palacio— Desya asintió y comenzó a cambiarse rápidamente. El cuerpo había entrado en calor pero cuando comenzó a pelear con la ropa notó lo lastimadas que tenía las manos, el salvar la vida rompiendo ramas en la caída y sujetándose de lo que pudiese parecía que no le saldría gratis, los golpes de su caída habían comenzado a formar ya moretones en su pecho, no sabía cómo se veía pero no debía ser bueno, ya suficiente tenía con el rasguño en su mejilla. Tras terminar de cambiarse al levantar la vista vio a su protector observándole con una bolsa de cuero en la mano, le veía fijamente y al parecer lo había visto mientras se cambiaba.

—Todas esas heridas… te las hizo…— el hombre se veía consternado, con el ceño fruncido, parecía como si cada golpe fuese su culpa, no entendió su reacción pero se dio cuenta rápidamente sobre la conclusión que había llegado y negó apresurado.

—No— dijo tal vez demasiado alto, ¿a él que diablos le importaba que pensaran mal del idiota aquel?— Quiero decir, desde luego que no, todo este daño me lo hice mientras escapaba, el príncipe no me puso una mano encima – sonrió orgulloso— Y aunque lo hubiese intentado jamás habría logrado dejarme así sin que lo dejase peor— alardeó, la seguridad en la voz de su hijo tranquilizaron un poco a Miller.

—Bien dicho, muchacho— y le lanzó la bolsa que sostenía, tomó una capa para él y le dio una a Desya encaminándose a la puerta— Ahora es tiempo de irnos— el hombre mayor salió de la cabaña de lo más normal asegurándose de que no hubiese nadie cerca— sal ahora, no hay nadie y hay que apresurarse.

Desya asintió y le siguió, el hombre caminaba por el bosque como si se tratase de la sala de su casa, de verdad parecía conocer cada sitio a la perfección.

—Conoce bien el bosque…— dijo en una afirmación y el hombre se quedó en silencio unos segundos antes de hablar, murmuraban en realidad, pues temían que en el silencio del bosque sus voces llamaran a sus perseguidores.

—Me separaron de mi familia hace años, yo ya conocía este bosque por aquel entonces, pero luego de ser confinado comencé a conocerlo aún más— Por supuesto, que eso había sido casi dos años después de ser recluido en aquella cabaña. Sus primeros dos años no había tenido permiso siquiera de poner un pie fuera de ella, al principio le había dado miedo salir, a pesar de tener el permiso de su rey, temía que le estuviese probando y sus fallas fueran pagadas por su pequeño— A veces… me acerco a las fronteras… es… es tonto pero siento que estoy un poco más cerca de…— él no quería que Desya sospechara que era el padre que lo había abandonado— ...de aquellos que amé – para su suerte Desya ni siquiera había reparado en la posible similitud con su padre, aunque todos decían que había desaparecido, Desya hacía mucho que había aceptado que su padre estaba muerto, para él no había otra explicación que justificara que su amado progenitor no volviese a casa, por lo que ni siquiera pensó en la posibilidad.

—Si conoce el bosque y como salir… ¿por qué no va con ellos?— el hombre bajó la cabeza, en la oscuridad Desya pudo ver la capucha de su capa descender un poco mientras lo seguía guiando, a esas alturas debían estar cerca de medianoche.

—No puedo hacerlo, es complicado hijo, pero no puedo hacerlo— murmuró con un tono de voz extraño, avergonzado, culpable y algo más que Desya no pudo identificar.



Desya se preguntó qué clase de cadenas atarían al sujeto al que no le importaba arriesgar el cuello para sacarlo del bosque, para ayudarlo a él, un desconocido ¿qué clase de cosa podría ser suficiente como para asustar a semejante hombre?