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sábado, 17 de noviembre de 2018

Cinderella 17


Capítulo 17



Volvieron a Palacio en silencio y Desya fue sintiendo el cansancio de la agitada noche caer poco a poco en él, para cuando llegaron a palacio Desya dormía contra el pecho del castaño y éste le sostenía con una mano mientras dirigía las riendas con la otra.

Era media mañana, los sirvientes comentaban y cuchicheaban de la forma en la que el príncipe trataba a su pareja y lo "enamorados" que parecían a pesar de que se suponía apenas se conocían, todos pensaron que volvían de un paseo mañanero y la búsqueda de la noche anterior se cubrió con la de aquel ladrón que había entrado hacia poco a Palacio, desgraciadamente no lo habían encontrado.

Unos días después encontrarían alrededor de 100 monedas de oro robadas en casa de la excondesa Freggs, ambas mujeres madre e hija fueron sentenciadas en silencio y enviadas como esclavas fuera del país.

Cuando Desya despertó era ya media tarde, despertó desconcertado sin saber dónde estaba, se talló los ojos perezosamente y sonrió un poco sintiendo la comodidad de la cama, había un peso extra sobre su vientre y al bajar la mirada se encontró con un brazo rodeándole, se mordió el labio inferior y giró la vista encontrando a un sexy castaño durmiente a su lado, se paró con cuidado de no despertarle y vio la cuerda que llamaba a servicio, él estaba acostumbrado a hacer las cosas por sí mismo pero le sería útil que le trajeran agua para el baño, se encaminó a la cuerda y se detuvo a medio camino, viendo atrás la imagen del castaño dormido plácidamente entre las sábanas le hizo torcer el rostro y corrió las cortinas de la enorme cama de dosel antes de retomar su idea de llamar a los sirvientes, cuando estos atendieron les pidió lo que necesitaba y vaya que si eran eficaces, en unos cuantos minutos tenían todo listo, había agua caliente en el enorme baño y los pétalos de rosa aromatizaban toda el agua, el lujo de Palacio definitivamente no se comparaba en lo más mínimo con el de su casa, muy a pesar de que habían sido una familia acomodada, el baño del príncipe era como ver una enorme fuente con cabida para unas 15 personas sin problemas, los grifos llevaban directamente el agua caliente y la presión bastaba para llenarla en minutos ¿cuantas personas estarían dedicadas solo a ese baño? se dijo que no discutiría contra la vida y aceptaría lo bueno que venía. Volvió a la habitación y corriendo nuevamente las cortinas se trepó sobre su pareja mordisqueando su hombro para despertarlo.

—Hey, príncipe engreído... despierta ¿quieres tomar un baño? Es demasiado grande para mí solo— lo llamó, Maximilian comenzó a despertar y sonrió al escuchar la parte del baño.

—¿El ladronzuelo tiene miedo de entrar sin su amo?— preguntó y Desya movió las caderas sobre las ajenas.

—Este ladronzuelo quiere atención— bromeó logrando que el cuerpo de Maximilian despertara por completo pero, antes de que pudiese hacer un movimiento Desya se levantó caminando hacia el baño, dicho sea de paso, quitándose la ropa despreocupadamente en el camino.

El príncipe no tardó en levantarse y deshacerse de sus propias ropas, al entrar vio a Desya ya dentro del agua, había algo de vapor por todos lados y ladeó el rostro sonriendo con arrogancia, Desya ya era suyo por completo esta vez, sin trucos ni trampas.

—Gírate para mí— ordenó, el rubio parpadeó y levantó una ceja interrogativa sonriendo, pero obedeció girándose y dándole la espalda. Maximilian entró al agua y caminó hasta llegar a él rodeándolo por la cintura con una de sus manos pegando su espalda a su torso.

—Me gusta que mi ladronzuelo sea obediente como un adorable cachorro— susurró mordisqueando su oreja, tomó algo de agua y comenzó a dejarla caer por la piel blanca de su amante, aprovechando para mordisquear su piel, tenía un especial gusto por aquella espalda blanca, dejó una mordida en medio de ella y apenas el quejido salió le levantó en brazos caminando a los escalones del baño, poniendo a Desya a una altura en que el agua llegase justo por debajo de sus glúteos. El castaño sonrió arrogante y comenzó a besar nuevamente su espalda, descendiendo hasta sus nalgas— voy a beberme tu cuerpo por completo... voy a tomarte y a hacerte disfrutar como jamás en tu vida...— dio un mordisco en uno de los firmes globos y lamió uno de sus dedos comenzando a acariciar su fruncido agujero, sus besos iban por toda su piel y cuando le sintió estremecerse por completo, temblar hasta tener que apoyar sus manos contra los escalones frente a él, solo hasta que lo sintió removerse como buscando una caricia más atrevida, aquel dedo le penetró acariciándolo por dentro, se paró y mientras aquel dedo entraba y salía de su amante usó la mano que tenía libre para acariciar la punta del necesitado miembro de su cachorro— No sabes cómo te he imaginado abriéndome las piernas cachorro— le habló inclinándose para que el susurro llegase cerca de su oído— Entrando en ti...justo aquí— casi gimió metiendo un dedo más y Desya no contestó, tenía los ojos llorosos y la boca abierta por lo mucho que le costaba respirar.. él...él no se había imaginado hasta ahora que pudiese sentirse tan... tan abrazado por el placer.

—Maximilian...— jadeó y giró su rostro a su amante mostrándole la expresión más dulcemente erótica que el castaño esperó poder ver— ¡¡creo...creo que moriré, ah!!— gimió más fuerte cuando el castaño comenzó a mover sus dedos más rápido dentro de él, sacando los dedos lo giró y lo sacó del agua a un área donde apenas había unos dos centímetros de profundidad, solo lo suficiente como para mantener el piso tibio, lo recostó y su cachorro se dejó encogiéndose un poco, removiéndose como si la desnudez le incomodara y el recuerdo de que era virgen volvió a Maximilian haciéndole regodearse de orgullo, era un malnacido patán, lo sabía muy en su subconsciente, pero justo ahora era uno muy feliz.

—No cachorro... aún no— sonrió y se hincó agachándose y lamiendo la punta de su miembro, apenas una caricia que hizo arquear la espalda del rubio soltando un quejido necesitado, una queja ante lo superficial de la caricia.

Maximilian aprovechó y metió nuevamente sus dedos en el interior del otro y los movió haciendo que a Desya la vista se le nublara, el castaño tomó su miembro por completo en su boca y un cosquilleo se apoderó de su vientre haciéndole mover las caderas buscando más de aquello.

—Maximilian...Maximilian...no puedo... no puedo soportarlo— la voz se ahogaba y creía que estallaría en llanto, el placer era tan intenso que no creía poder contenerlo en su pecho, pero entonces todo paró, Maximilian retiró sus dedos y su cuerpo protestó, su entrada se sentía vacía, movió las caderas y apretó las piernas intentando calmar la necesidad que lo recorrió pero no pudo hacerlo, su rostro mostró su frustración y Maximilian sonrió.

—Tranquilo, cachorro— Maximilian se acomodó entre sus piernas y sonrió clavando la mirada en el rostro de su consorte, entró en él lento y avanzó hasta llenarlo por completo, se deleitó observando como el rostro del rubio se iba transformando de una mueca de necesidad a una de completo placer, casi soltando un grito al tenerlo completamente dentro.

—No...no... no, por favor sal— se removió con los labios abiertos y los ojos llorosos— No podré con esto Maximilian...Maximilian— las manos del joven recorrieron su propio pecho en un intento por calmar todas aquellas sensaciones, creía sinceramente que se volvería loco, pero Maximilian no lo dejó escapar, lo sujetó por las caderas y colocó una de sus piernas sobre su hombro, sonriendo y sintiendo el más increíble placer que había sentido antes arremetió dentro de él, el cuerpo delgado y hermoso de su cachorro le recibió abriéndose para él en cada embestida y él se movió completamente sumido en un placer que le incitaba a ir más rápido...más profundo mientras un cachorro rubio gritaba hasta casi perder la voz, su cuerpo se desmoronaba y se volvía a hundir en cada embestida y el orgasmo le sobrevino casi interminable, sintió que se venía por horas perdiendo el sentido y todo rastro de razón, cuando el castaño se derrumbó sobre él, se sentía pleno, cansado, satisfecho y avergonzado, pero inmensamente feliz— te...te amo.

—y yo a ti cachorro— susurró, el nuevo apodo sabía dulce en sus labios, Maximillian abrazó a su amante y le llenó el cuello de besos.

A diferencia de Desya, Maximilliam había dejado de ser virgen hacía mucho tiempo, el sexo no le faltaba y las bellezas que habían pasado por su cama no eran pocas, pero jamás se había sentido tan conectado a alguien. Tan ansioso por mimarlo, tan desesperado por abrazarlo y reacio a soltarlo, jamás había sentido su corazón hincharse de aquella forma en su pecho llenándolo de una felicidad que casi lo ahogaba.

Pasó mucho rato antes de que Maximilliam se levantara a regañadientes, habían ensuciado el agua así que simplemente la dejó ir y se dedicó a lavarse y a su pareja con el agua caliente de los grifos. El príncipe los seco a ambos e incluso los vistió, llevando a Desya de vuelta a la cama. Desya saciado como estaba se dejó hacer no pudiendo creer que cayera dormido tan pronto después de haber despertado, pero así fue, cuando despertó para la hora de la cena el palacio entero se enteró del inmenso apetito del nuevo consorte, pero más tarde cuando la luna era su única compañera fue Maximilliam quien descubrió lo verdaderamente grande que podía llegar a ser el "apetito" de su cachorro.




sábado, 8 de septiembre de 2018

Cinderella 16


Capítulo 16


Alastor se quedó escondido en el lado contrario del puente, no corrió tras Miller, había tenido el impulso y casi había emprendido el galope pero no lo hizo, Miller no se iría, seguramente regresaría. Miller no iba a dejar a su hijo abandonado y cuando volviera él estaría ahí.

Y no se equivocó, el caballo ni siquiera alcanzó a llegar al final del puente cuando los cascos se escucharon volver, sin embargo se detuvo a la mitad del camino, Miller observaba en dirección a donde debían estar sus hijos seguramente discutiendo, la neblina se había comenzado a dispersar con el amanecer y vio a Miller bajar del caballo y dirigirse al borde de la baranda como viendo mejor lo que sucedía, estaba tan absorto que no se dio cuenta que se acercaba.

Vio de reojo a la orilla y vio al par de recién casados besándose, volvió la mirada a su amante y notó como Miller sonrió al ver la escena. Alastor pudo notar que no era solo alivio lo que veía en sus ojos, no era solo la felicidad por su hijo, no… había un verdadero anhelo en aquellos ojos, Miller deseaba aquello que su hijo tenía, su amante jamás había dejado de ver como una condena su relación.

—Miller— le llamó y pudo ver como la sonrisa desaparecía de aquellos labios solo escuchar su voz y aquello dolió más de lo que jamás esperó algo pudiese doler, dolió incluso más que el “si” dado hacía tantos años por su amante en una iglesia el día que aquella bruja se lo había arrebatado.

—Alas…— Miller balbuceó y Alastor por un segundo pensó que le llamaría por su nombre, pero no lo hizo y era su culpa, durante años le había entrenado para que no pudiese decirlo nunca mientras Alastor estuviese molesto— Mi Rey—Miller se corrigió casi asustado por su desliz. A Alastor se le destrozó el corazón.

—Escapaste de mí— murmuró y vio cómo su amante bajaba la cabeza y apretaba los puños.

—Es mi hijo… tenía que hacerlo, aceptaré el castigo que me pongas— dijo con pesar, seguramente imaginando el tipo de escarmiento que le esperaba. Miller se veía abatido y desconsolado, como el mendigo que acostumbrado al hambre sabe que tendrá que pasar un día más sin comer y en esos momentos, en el justo instante en que el remordimiento pudo con Alasto, dejó escapar de sus labios las palabras que jamás esperó decir.

—Eres libre, Miller—susurró y el otro levantó la vista fijando sus castaños ojos en él, con la incredulidad dibujada en todo su rostro, por un momento hubo sorpresa y después un gesto de dolor y comprensión.

—¿Qué se supone que tengo que hacer, mi señor?— Miller sabía que Alastor nunca lo dejaría ir, aquello solo podía ser el preludio de su castigo y ante la novedad del mismo, no pudo sino estremecerse al imaginar la crueldad que podía alcanzar el dolor de su amo.

Miller le había traicionado como nunca antes al abandonar la cabaña, justo cuando su rey había comenzado a confiar en él al punto de quitar a los guardias que en un principio le habían custodiado, había permanecido fiel durante todos aquellos años, su rey había afianzado su confianza y aunque el día de la boda había regresado por su propio pie haciéndole ver a Alastor que no pensaba escapar, esta vez no lo había hecho.

—No hay nada que hacer Miller… te he mantenido cautivo durante mucho tiempo… eres el padre del nuevo príncipe ¿verdad? Ahora eres libre— le aseguró. Miller levantó la vista, observándolo como evaluando la situación, como temiendo cualquier engaño.

Alastor se mantuvo firme y serio… y poco a poco su amante fue entendiendo que no mentía, la mueca de incredulidad fue extendiéndose por todo su rostro para después convertirse en una de negación dolorosa.

—No puedes hablar en serio— casi sollozó y el rey no entendió su reacción.

—Hablo en serio Miller, ahora eres libre, no te mantendré más contra tu voluntad conmigo— concedió y Miller comenzó a negar, parecía que estallaría en llanto en cualquier momento y el rey no entendió que sucedía ahí.

—Así que ¿es todo? Tu… simplemente ¿me tirarás aun lado? Todos estos años… diciéndome que… que jamás me dejarías y ahora… ¿ahora ya te hartaste y me desechas?— Miller quería golpearlo y en otros tiempos seguramente lo habría hecho, pero ahora el miedo inculcado por años se lo impidió.

— ¿No es acaso tu libertad lo que querías?— preguntó el rey frustrado por la repentina actitud de Miller, le había costado un infierno dejarlo ir, ¿por qué reaccionaba así?

El rostro del rubio pareció entonces quedarse pasmado… como si de repente comprendiera lo que sucedía y eso le hundiera más la daga que ya tenía clavada en el corazón.

—Así que… ¿es este mi castigo?— de repente su enojo se transformó en una mueca de resignado dolor— Te traicioné, así que ¿me desecharas cual basura?— comenzó a temblar y asintió a sí mismo bajando la cabeza como si de repente todo tuviese sentido y en su cabeza lo tenía, su Rey le había dictado las reglas por muchos años y le había puesto infinidad de castigos pero él había cometido ahora una falta imperdonable y esas eran las consecuencias— Entiendo…— asintió abrazándose a sí mismo— Entiendo —repitió mientras las lágrimas escurrían por todo su rostro lavando el polvo que le había cubierto tras el improvisado viaje— Yo… sin duda lo merezco…— pero había valido la pena ¿verdad? Por su hijo había valido la pena… desgraciadamente eso no hacía que doliese menos.

—No es un castigo, Miller…— Alastor intentó hablarle y el otro sólo se abrazó más dando un paso atrás y buscando el apoyo de la baranda que chocó contra su espalda.

—Basta por favor…—el no quería escuchar las palabras de su rey, si lo iba a tirar por favor que lo hiciera limpiamente y sin más dolor…

—Miller…— Alastor quería estrecharlo y consolarlo, extendió una mano buscando tocarle pero el otro solo negaba una y otra vez pidiendo que no lo hiciera— no quiero castigarte— y no quería, carajo, solo quería darle al hombre que amaba la libertad que ansiaba.

—Entonces no lo hagas— Miller levantó la cabeza, hipando por el llanto pero aferrándose al rayo de esperanza que había aparecido frente a él— No lo hagas, no me dejes, no volveré a desobedecer, lo juro— prometió y Alastor se quedó de piedra, Miller siempre había sido un hombre fuerte, aún después de todo lo que le había hecho el aún parecía el mismo de siempre, solo la obediencia parecía haberse agregado y nada más… solo hasta ahora podía ver claramente lo que le había hecho.

— No te dejaré… — aseguró y abrió los brazos sintiendo como Miller se lanzaba a ellos aferrándose a la oportunidad que tenía— ¿Qué te parece si te saco de esa cabaña?— y sintió a Miller tensarse en sus brazos— Déjame terminar... podemos ir a vivir a Palacio y tu podrías ver a tu hijo todos los días…— hubo solo silencio, el rubio no le contestó y cuando Alastor le separó un poco para poder verlo al rostro, solo vio el temor en él, temía contestarle.

— ¿Eso es lo que quiere mi rey?— preguntó inseguro y supo que Miller no volvería a hacer nada que él no permitiera, al menos no mientras Desya estuviese a salvo, así que asintió.

—Eso me gustaría mucho, quiero que duermas conmigo cada noche y verte cada día sin problemas, tu hijo seguramente también será feliz de verte— le sonrió y como respuesta vio lo que no había visto en años, el brillo volviendo a los ojos de su amante, la temblorosa sonrisa en sus labios y lágrimas de viva dicha escapar de aquellos ojos que tanto amaba.

—Eso también me gustaría mucho, mi Rey— sollozando un poco, pero sin perder aquella sonrisa de felicidad.

Por su lado Maximilian empujó poco a poco a Desya hasta tenerlo casi contra los arbustos que los “escondían”, sus manos estaban ya por todo el cuerpo del rubio y éste suspiró cuando aquellos labios fueron de su boca a su cuello haciendo que se estremeciera por completo.

—No… no... basta, no aquí— renegó apenas con un poco de cordura – volvamos a palacio antes….— y Maximilian se separó viéndolo con el ceño fruncido. No hacía falta ser adivino para saber lo que estaba pensando—.No escaparé esta vez—sonrió divertido, pero Maximilian no parecía muy convencido— Lo juro— le aseguró y el otro le subió al caballo de mala gana, Desya pensó en protestar por ser subido cual damisela pero se dijo que era mejor no tentar su suerte a aquellas alturas, mientras salían de detrás de los arbustos en dirección al castillo recordó al hombre que tanto le había ayudado— Maximilian… puedo… ¿puedo pedirte algo?— esperando que su pareja estuviese lo suficientemente satisfecho con su regreso como para escucharlo.

—¿Qué quieres?— el tono no fue condescendiente, fue más bien seco, pero normal viniendo de quien venía.

—Un hombre me ayudó… debes saberlo a estas alturas... yo… quisiera que no le castigaran de ninguna manera— escuchó un bufido de parte de su acompañante y antes de que pudiese preguntar la razón, el otro habló.

—Castigarlo o no, no me corresponde a mi cachorro, al hombre que te ayudó no podría tocarlo aún si lo deseara— Desya se preguntó qué diablos sucedía ahí, el sujeto le había dicho que era un prisionero pero Maximilian decía que no podía tocarlo ¿qué demonios era aquel hombre?

— ¿Qué significa eso?



—Hasta hoy no lo sabía, pero ese hombre es el amante de mi padre, no tengo idea de cómo sucedieron las cosas pero si mis sospechas son correctas el sujeto se casó antes de que mi padre pudiese siquiera confesarse y como única opción le confinó en aquella cabaña como su amante – Desya se dijo que aquello era… normal entre la historia de los reyes… pero no le gustaba escucharlo, aquel hombre se escuchaba verdaderamente lamentable al mencionar a la familia que había tenido que dejar atrás, pero entonces ¿por qué él había dicho que no tenía razones para quedarse más ahí? Tal vez el rey ya no tenía interés en él…— Descuida, no creo que le dañe, parecía desesperado por recuperarlo sano y salvo – y entonces Desya supo que no entendía nada.



miércoles, 25 de julio de 2018

Cinderella 15


Capítulo 15

En la parte oeste del bosque el capitán de la guardia daba su informe al príncipe, junto a él estaba el rey, quien parecía bastante tranquilo en comparación a su hijo, el cual parecía que mandaría a la horca al primero que le diese malas noticias. Maximilian estaba inquieto, casi muere al ver las sábanas rotas colgando de su ventana, no encontrar el cadáver del rubio bajo la torre había sido un alivio que no creyó sentir jamás por algo, pero su cachorro había escapado y lo quería de regreso.

El capitán informó al príncipe de los resultados hasta ahora, habían peinado la mitad del bosque sin encontrarlo, si estaba en algún lugar seguramente sería cercano al límite este, pero era difícil creer que un hombre a pie, en la oscuridad y sin conocer el lugar hubiese avanzado tanto, el capitán creía que seguramente estaba escondido en la vieja cabaña del bosque, el hombre comentó el extraño comportamiento del sujeto que vivía ahí y su sospecha de que escondía algo.

— ¿Una cabaña?-Maximilian torció el gesto- Está prohibida la entrada a este…— pero antes de que terminara de hablar el rey había emprendido el galope, Alastor solo podía imaginar lo que sucedería si el fugitivo cachorro de su hijo llegaba a encontrarse con Miller, el muchacho lo separaría para siempre de él, si estaban juntos Miller solo pensaría en protegerlo, seguramente vería la huída de su hijo como una traición de su parte ¡él era el que le había asegurado que todo estaba bien! ¡estúpido hijo suyo! ¡parecía que no había podido mantener encerrada y dominada a su pareja! al llegar a la cabaña golpeó la puerta y ésta se abrió sin oponer resistencia, con la esperanza de que fuese un error, entró registrándolo todo y vagamente pudo escuchar el resto de los caballos acercarse y llegar, no necesito registrar mucho, sobre la cama estaban las ropas de noche de bodas sucias y maltratadas del fugitivo príncipe— Estuvo aquí…— y sintió que el mundo se le venía abajo, el muchacho se había llevado a su amante…

— ¿Quién diablos vive aquí? – escuchó la voz de su hijo entrando a la cabaña, debió ver lo que él mismo veía porque caminó directamente a la ropa sobre la cama estrujándola en sus manos— Quien sea que estuviese aquí se llevó a mi pareja— se giró al capitán temblando de ira— quiero que lo encuentren y los quiero a los dos de vuelta, quiero a mi pareja a salvo y el otro no me importa si lo traen vivo a muerto— soltó entre dientes y el rey a su lado ni siquiera le volteó a ver.

—Será mejor que pienses bien lo que ordenas hijo, a menos que pretendas que tu adorado cachorro te odie el resto de tus días— la aseveración pareció alterar al príncipe.

— ¡¿Qué estás tratando de insinuar?! – ¿Qué era lo que su padre sabía y él no? ¿Su cachorro tendría un amante? No…no podía ser…

—Tal vez a estas alturas ya lo descubrió… el hombre que vivía aquí, es el padre de tu cachorro— y Maximilian supo que las cosas no podían ir peor, el podía amenazar a un sujeto cualquiera, incluso a un amante… pero un padre… un padre no se lo iba a entregar tan fácil, aunque… ¿no llevaba aquel hombre desaparecido años? además la madre no había sido un ejemplar de madre. Maximilliam intentó tranquilizarse rápidamente. Padre o no, él tendría a su cachorro de vuelta costara lo que costara.

A unos dos kilómetros de ahí, Desya se escondía tras unas enormes rocas llenas de limo de bosque, el hombre que le ayudaba se había trepado a uno de los árboles y pedido que esperara, no sabía que planeaba pero supuso que solo se estaban escondiendo pues habían escuchado el sonido de un caballo cerca. Se agachó al ver que una sombra se acercaba, era un jinete y se agachó escondiéndose por completo y lo siguiente que escucho fue un quejido, el relinche del caballo y después el sonido sordo similar al de un costal de papas lanzado al suelo, asustado se asomó y lo que vio fue al sujeto que le ayudaba sobre el caballo y un bulto que al parecer era el soldado que antes lo montaba en el suelo.

—Venga, avanzaremos más rápido así— aseguró el nuevo jinete.

Desya escuchó que el hombre lo llamaba y bajó de la roca con una sonrisa en los labios.

—Es usted una persona de armas tomar ¿no es cierto?— habló caminando hacia él tomando la mano que le tendía para que subiera detrás— discúlpeme, está tomando más y más responsabilidades por mí— jamás esperaría que un extraño pudiese estarlo ayudando tanto.

—No te disculpes muchacho, yo simplemente no quiero que termines como yo y si de mí cabe no serás un prisionero nunca— las palabras no sonaron extrañas pero si le pareció extraña la situación ¿qué clase de prisionero era aquel hombre? Era claro que lo que le apresaba no eran cadenas físicas, nuevamente se preguntó con qué tenían atado a un hombre como él. El caballo comenzó el galope y Desya se agarró de la cintura ajena permitiendo que lo llevara, colocó su rostro contra la espalda ajena y sonrió dando gracias al cielo por haberlo encontrado, había algo familiar en el hombre que le gustaba y le hacía sentirse cálido a su alrededor.

—¿Por qué no escapa conmigo señor?— le preguntó después de un rato— Está tomando tantos riesgos ¿por qué no escapa conmigo? ¿Qué le detiene?— cuestionó y Miller no contestó inmediatamente ¿qué lo detenía? Posiblemente que sin Alastor a su lado, sin la posibilidad de volver a verle, de volver a escucharle, de volver a tocarle, moriría de dolor y tristeza, pero ¿no valía la pena? Si podía vivir tres semanas con su hijo ¿no valía la pena acaso?

—Ahora mismo… ya nada muchacho. Iremos al reino del este, te acompañaré hasta allá— aseguró y Desya sonrió en su espalda.

Mientas tanto, cabalgando por el bosque se encontraban Rey y príncipe, padre e hijo en dirección al camino que daba al reino del este.

— ¿Estás seguro que debemos ir por aquí?— preguntó el más joven.

—Es la ruta que Miller tomaría sin duda, aunque no sé si se arriesgaría a tomar el camino principal o arriesgarse más tomando rutas alternas, como sea podemos seguramente verlo en el puente que está a unas horas saliendo del bosque, ellos tendrán que pasar por ahí pero tenemos que llegar antes. Los soldados pueden intentar encontrarlos por el pueblo o el bosque pero no creo que encuentren nada— aseguró y Maximilian maldijo por lo bajo.

— ¿Por qué estaba el padre de mi mascota ahí? – Apretó las riendas en las manos —Era tu amante ¿cierto? Sabía que tenías uno desde hace años pero me preguntaba dónde le tenías, tu maldito amante se llevó a mi cachorro— renegó. El rey le vio solo por un segundo antes de volver la mirada al frente con la rabia escrita por todo el rostro.

—Le he tenido controlado por años, es tu cachorro el que se ha llevado a mi amante, si no fuese mi único seguro me importaría un comino tu tonto capricho por él— y ambos se quedaron en silencio. A Maximilian no le venía bien pelear ahora con su padre, no cuando era el que mejor sabía cómo se movía su amante.

Pasaron las horas y llegaron al puente que buscaban, no había huellas recientes de algún caballo ni pies humanos así que probablemente aun no llegaban hasta ahí.

—Ellos debieron tomarse su tiempo evadiendo a los soldados que andaban por el bosque, no es posible que llegaran antes que nosotros— murmuró el rey.

Maximilian vio a su padre desmontar y encaminó su caballo a unos altos arbustos cerca del puente, era mejor si no los veían, desgraciadamente no podían borrar las huellas que habían dejado pues tendrían que ir prácticamente todo el camino de vuelta, pero sí podían engañarlos. Encaminó su caballo al puente y los subió sobre la madera pero lo hizo regresar escondiéndolo en los arbustos y borrando solo las huellas que habían quedado del regreso del puente, su padre hizo algo similar y cada uno se escondió a un lado, no pasó en realidad demasiado cuando el caballo que habían estado esperando se acercó, en medio de la neblina de la madrugada se veían dos figuras sobre el animal, estaban cubiertos con capuchas por lo que aunque no estuviese la niebla no podrían verlos pero Maximilian sabía que eran a quienes buscaban.

Sobre el caballo, Desya sintió el peligro al acercarse al puente, viendo al suelo vio pisadas de caballos dirigiéndose al puente, podrían ser solo mercaderes o viajeros cualquiera ¿verdad? Pero ni él lo creía, miró atrás viendo las huellas de su caballo y las ajenas, eran idénticas, eran herraduras de la guardia real del rey.  Eran dos caballos… vio al frente y pasó duro, estaban por llegar al puente, si uno los distraía quizás el otro podría escapar… como estaban sentados no solo lo más practico era que él se quedara sino que también era lo más justo.

Estaba ya muy cerca del puente y la niebla era espesa, sabía que estaba tomando la decisión adecuada cuando saltó del caballo y golpeó su costado.

—No se detenga— gritó y el caballo salió a todo galope, él se quitó la capucha para que quien sea que estuviese por ahí pudiese verlo, se quedó parado y vio a Maximilian salir de un alto arbusto.

—Así que al final entendiste que tenías que entregarte ¿cierto?— el rostro de Maximilian decía que no estaba para nada feliz y Desya sintió la respiración agitarse ante las posibilidades de lo que le esperaba, miró a todos lados y vio a un lado del puente la pendiente que llevaba al río, apretó las manos moviendo los dedos, tomando la decisión y sin contestar salió corriendo dispuesto a lanzarse, pero a Maximilian el camino le quedaba más corto y logró interceptarlo sujetándolo de la capa, el rubio se removió y siguió avanzando zafándose de la tela como podía y casi alcanzando la pendiente, pero Maximilian le sujetó por el brazo jalándolo y lanzándolo dos metros atrás, quedando ambos tras el arbusto donde había estado escondido antes LeRose— ¡¡Basta de escapar, te he atrapado, ríndete y vuelve a tu sitio!!— le gritó y Desya se levantó del suelo frunciendo el ceño, humillado, desesperado, frustrado y demasiado afectado para ser razonable.

—¡Tu no serás mi dueño!¡no voy a ser tu juguete nunca!— Desya le señaló y Maximilian apretó la fusta del caballo que aún tenía en las manos, Desya supo que pisaba terreno peligroso y levantó el rostro, dispuesto a enfrentarse a la ira del castaño, le vio dar un paso adelante levantando el pequeño látigo y apretó los puños casi cerrando los ojos esperando el golpe, pero no fue lo que sucedió. Maximilian lanzó la fusta contra el suelo en un gesto de exasperación.

— ¿Ese es tu maldito problema? – estaba exaltado pero lo que impresionó a Desya no fue eso, lo que le dejó descolocado fue el repentino sonrojo que cubrió sus mejillas— ¿De verdad crees que si soy tan engreído como dices me casaría por…— tragó, Desya sabía solo con verlo que le estaba costando hablar— …molestarte? Usa ese cerebro que tienes en la cabeza por una vez, maldito cachorro malcriado, date cuenta de una vez de lo que hay entre nosotros…
Desya mostró un gesto de confusión y desconcierto y Maximilian bufó exaspoerado. Aun así tomo un profundo suspiro antes de declarar con vehemencia.
— Estoy seria… y profundamente… enamorado de ti – confesó y si a Desya le hubiesen presentado en ese momento a un unicornio wachiturro cantante de calle y ayudante de Robin Hood no le habría sorprendido más.

—Tu…tu ¿qué?— estaba incrédulo, se levantó con cuidado del suelo y dio un paso lejos del hombre que se le acababa de confesar sin poder creer que aquello estuviese pasando.

—Creí que los perros tenían buen oído— renegó y Desya se hubiese ofendido de no ser por el sonrojo que se intensificó haciéndolo sonreír.

—Entonces… tú me amas— aseguró y el castaño frunció el ceño mirándolo.

—Si lo entendiste entonces no lo repitas— y a Desya se le escapó una risita de los labios, estaba feliz…oh por dios, maldita sea, él también estaba estúpidamente enamorado del hombre…
-Si es cierto tienes que volver a decirlo- alegó cantarinamente y el príncipe le vio con cara de pocos amigos.
-No tienes a tu suerte Miller- le amenazó y Desya se encogió de hombros.
-Ya llegue hasta este punto ¿a qué tengo que tenerle miedo?- amenazó y Maximilliam lo apresó en sus brazos con fuerza.
-Voy a darte una lección cuando volvamos a casa y a enseñarte modales ladronzuelo- amenazó nuevamente y Desya ni siquiera intentó liberarse.
-Si no me complaces escaparé de nuevo, una y otra vez, no tendrás paz a menos que me encadenes.
-No me tientes…- gruñó. Desya se encogió de hombros indiferente.
-…- el castaño guardó silencio y Desya lo ignoró tranquilamente- te amo..- cedió el príncipe en un murmullo.
-¿Qué?- fingió no oír.
-Te amo ladronzuelo insolente- Desya sonrió ampliamente.
-¿Seguro?- lo picó y el príncipe gruñó y le tomo del pelo besándolo con fuerza, mordiendo sus labios, metiendo su lengua y barriendo por completo su interior.
-Muy seguro- murmuró contra su boca y Desya asintió acalorado y perdiendo por completo su actitud pícara.
—Entonces…¿ahora qué?—pregunto tímidamente  y el castaño se agachó a tomar su fusta.

—Volvemos a Palacio antes de que nuestra ausencia parezca sospechosa— habló intentando recuperar la compostura y Desya rio acercándose a él y jalándolo por la parte superior de su ropa.

—Nadie dirá nada cuando nos vean, no te preocupes— aseguró y Maximilian levantó una ceja viéndolo.

—Y ¿por qué no?— preguntó y Desya se levantó a sí mismo en punta para mordisquear el labio inferior de su príncipe engreído.

—Porque es normal entre recién casados ¿verdad?— y Maximilian le rodeó por la cintura pegándolo a su cuerpo bruscamente, no contestó pero sus labios devoraron los ajenos. Desya estaba nuevamente en sus brazos, donde pertenecía y el no podía estar más satisfecho.






viernes, 13 de julio de 2018

Cinderela 14

Me faltaba el capítulo 13 aquí, no lo noté, pero entonces acabo de recordar que el día que se descompuso la computadora fue el día que estaba publicando. Perdón por la demora!


Capítulo 11



— Buenas noches— Desya habló con tono avergonzado, Miller por su parte se quedó helado en su sitio, ese era su hijo ¡Dios! tenía grabado su rostro en su mente, su preciosa cara después de todos aquellos años sin verlo, era imposible que no lo reconociera así solo hubiese podido verlo de lejos en la iglesia — Yo… como ve, no estoy armado ¿podría pasar?— el muchacho volvió a hablar con el mismo tono y se frotó los brazos, la antorcha le iluminaba de lleno el rostro y podía ver sus mejillas rojas y los labios ligeramente amoratados, la ropa que tenía ni siquiera era lo suficientemente abrigadora como para estar en un lugar techado, mucho menos a la intemperie. Miller quitó rápidamente la cadena y abrió la puerta.

—Entra hijo – la palabra se le salió en automático pero el menor no pareció darse cuenta del verdadero significado de la palabra, pues sonrió agradecido pasando al interior. Solo estar dentro cerró la puerta nuevamente y le guió a una silla cerca del fuego que se extinguía en la chimenea y lo avivó esperando que su muchacho pudiese entrar pronto en calor— Espera, te traeré una manta— anunció y Desya se preguntó qué clase de guardabosques era aquel hombre, se veía fuerte pero no era del tipo que intimidaba, más aún, el sujeto parecía demasiado amable. Aceptó la manta que le llevó y sonrió cuando el otro la acomodó sobre sus hombros, estaba devastado hasta hacia unos instantes y de repente se sentía como si hubiese llegado a su hogar… realmente debía estar muy afectado.

—Gracias— se abrigó pensando qué diablos iba a hacer de ahí en adelante.

—Pero jovencito ¿qué haces a estas horas caminando por el bosque?— ¿qué era lo que hacía ahí? ¿Por qué no estaba con su pareja en Palacio disfrutando de la celebración? Acaso… ¿acaso no era como Alastor le había dicho? Desya por su lado sonrió, se veía nervioso, le vio girar los ojos y ver el techo antes de volver a verlo… aun tenía aquel hábito cuando mentía, lo tenía desde pequeño.

— Bueno. Yo solo salí a dar un paseo y me perdí en el camino, en realidad no sé cómo es que terminé por aquí, usted podría indicarme… ¿cómo salir del bosque?— Miller se sentó en una silla frente a él y le sonrió, era lógico que en la situación en la que estaba Desya no quisiera decirle la verdadera razón de cómo había llegado hasta ahí pero necesitaba saber…

—Claro muchacho, conozco el bosque, puedo sacarte cerca de Palacio, cerca del pueblo o al camino que lleva al reino del este.

—Al este, al reino del este, es ahí donde quiero ir— Desya contestó tan efusivamente que el mismo notó lo raro de su reacción— es decir soy de ahí y seguramente mis compañeros tomarán ese camino… —no hubo tiempo de que nadie dijera nada más pues los fuertes golpes en la puerta hicieron saltar a Desya y fruncir el ceño a Miller.

—¡Soldados del Rey!¡Abra la puerta!—la voz alta y firme era completamente militar, Miller supuso que estarían ya buscando a la novia perdida y al parecer una que no tenía ganas de regresar, bien , no sería él quien le llevara de vuelta.

—Escóndete tras la cama. Rápido— le indicó al rubio y este obedeció en automático asintiendo y obedeciendo, Miller se aseguró que no fuera visible desde la puerta y después abrió con una actitud bastante diferente a la que había tenido hasta ahora, aunque simplemente abrió a medias como lo había hecho con Desya en un principio.

— ¿Qué buscan soldados aquí?— su voz se escuchaba irritada, muy diferente al tono que usaba al hablarle a Desya y esto sorprendió al rubio escondido, uno pensaría que hablaría con más diligencia a los soldados del rey.

—Estamos buscando a un joven rubio…— comenzó a hablar el soldado y Desya escuchó como lo describirían, altura, color de piel, color de ojos, complexión, su descripción era tan malditamente detallada que sería imposible que el sujeto no se diera cuenta de que a quien buscaban estaba escondido tras la cama— Esconderlo u ocultar información sobre su paradero será merecedor de la pena capital— Miller no pareció inmutarse, Desya levantó un poco la cabeza viendo por encima del borde de la cama. Estaba seguro de que lo entregaría y aunque le hubiese gustado correr no tenía a dónde, ellos estaban en la única salida de la cabaña.

—No he visto a nadie con esas características por aquí —respondió Miller. Desya no podía ver al soldado que hablaba con el hombre pero se quedó anonadado ante su respuesta, se quedó tan sorprendido que su atención se centró solo en el sujeto que lo estaba escondiendo, no supo bien qué fue lo que el soldado le dijo porque lo siguiente a lo que prestó atención fue a la risa despreocupada de su actual protector— Lo tendré en cuenta – había cierto tono en su voz que le decía que realmente se estaba burlando del hombre mientras le cerraba la puerta en la cara. Desconcertado, salió lentamente de su escondite. Parecía obvio que el sujeto sabía que era a él a quien buscaban… ¿o no? ¿Tal vez se había creído su historia y no quería que lo confundieran?

“Claro Friggs, y los cerdos vuelan”

—Parece que ya han salido a buscarte muchacho, no puedes quedarte aquí— indicó, Desya lo vio rebuscando en un viejo baúl y agradeció al menos que lo cubriera, aunque al parecer estaba a punto de echarlo de ahí— Tienes que cambiarte rápido, te llevaré al camino hacia el reino del este, conozco el bosque mejor que los soldados, si nos apresuramos podremos evitarles— le habló. Desya se quedó observándolo ¿qué cosas estaba diciendo?— Aquí están, tengo algo de ropa que seguro te queda, es apropiada para un largo viaje— lanzó sobre la cama ropas e incluso un par de botas de cuero— debo tener algo de comida que pueda aguantar unos dos días— murmuró más para sí mismo que para el muchacho, éste no se movió y el hombre le vio frunciendo el ceño— ¿Qué pasa, hijo? comienza a cambiarte que el príncipe no va a estar tranquilo hasta que vuelvas, créeme— lo regañó y Desya abrió grandes los ojos.

—Usted… usted sabe quién soy— aseguró y Miller suspiró asintiendo.

—Lo sé muchacho. Estuve presente hoy en tu boda… no sé qué sucedió pero si huiste tus razones debes tener— no sería el quien enviaría a su hijo a vivir una vida como la suya, primero muerto, él ya estaba perdido, su hijo no.

—Pero usted… ¿qué pasa si lo descubren?— preguntó preocupado y Miller le sonrió pero se encogió de hombros.

—Correré el riesgo, ahora apresúrate a menos que quieras volver a palacio— Desya asintió y comenzó a cambiarse rápidamente. El cuerpo había entrado en calor pero cuando comenzó a pelear con la ropa notó lo lastimadas que tenía las manos, el salvar la vida rompiendo ramas en la caída y sujetándose de lo que pudiese parecía que no le saldría gratis, los golpes de su caída habían comenzado a formar ya moretones en su pecho, no sabía cómo se veía pero no debía ser bueno, ya suficiente tenía con el rasguño en su mejilla. Tras terminar de cambiarse al levantar la vista vio a su protector observándole con una bolsa de cuero en la mano, le veía fijamente y al parecer lo había visto mientras se cambiaba.

—Todas esas heridas… te las hizo…— el hombre se veía consternado, con el ceño fruncido, parecía como si cada golpe fuese su culpa, no entendió su reacción pero se dio cuenta rápidamente sobre la conclusión que había llegado y negó apresurado.

—No— dijo tal vez demasiado alto, ¿a él que diablos le importaba que pensaran mal del idiota aquel?— Quiero decir, desde luego que no, todo este daño me lo hice mientras escapaba, el príncipe no me puso una mano encima – sonrió orgulloso— Y aunque lo hubiese intentado jamás habría logrado dejarme así sin que lo dejase peor— alardeó, la seguridad en la voz de su hijo tranquilizaron un poco a Miller.

—Bien dicho, muchacho— y le lanzó la bolsa que sostenía, tomó una capa para él y le dio una a Desya encaminándose a la puerta— Ahora es tiempo de irnos— el hombre mayor salió de la cabaña de lo más normal asegurándose de que no hubiese nadie cerca— sal ahora, no hay nadie y hay que apresurarse.

Desya asintió y le siguió, el hombre caminaba por el bosque como si se tratase de la sala de su casa, de verdad parecía conocer cada sitio a la perfección.

—Conoce bien el bosque…— dijo en una afirmación y el hombre se quedó en silencio unos segundos antes de hablar, murmuraban en realidad, pues temían que en el silencio del bosque sus voces llamaran a sus perseguidores.

—Me separaron de mi familia hace años, yo ya conocía este bosque por aquel entonces, pero luego de ser confinado comencé a conocerlo aún más— Por supuesto, que eso había sido casi dos años después de ser recluido en aquella cabaña. Sus primeros dos años no había tenido permiso siquiera de poner un pie fuera de ella, al principio le había dado miedo salir, a pesar de tener el permiso de su rey, temía que le estuviese probando y sus fallas fueran pagadas por su pequeño— A veces… me acerco a las fronteras… es… es tonto pero siento que estoy un poco más cerca de…— él no quería que Desya sospechara que era el padre que lo había abandonado— ...de aquellos que amé – para su suerte Desya ni siquiera había reparado en la posible similitud con su padre, aunque todos decían que había desaparecido, Desya hacía mucho que había aceptado que su padre estaba muerto, para él no había otra explicación que justificara que su amado progenitor no volviese a casa, por lo que ni siquiera pensó en la posibilidad.

—Si conoce el bosque y como salir… ¿por qué no va con ellos?— el hombre bajó la cabeza, en la oscuridad Desya pudo ver la capucha de su capa descender un poco mientras lo seguía guiando, a esas alturas debían estar cerca de medianoche.

—No puedo hacerlo, es complicado hijo, pero no puedo hacerlo— murmuró con un tono de voz extraño, avergonzado, culpable y algo más que Desya no pudo identificar.



Desya se preguntó qué clase de cadenas atarían al sujeto al que no le importaba arriesgar el cuello para sacarlo del bosque, para ayudarlo a él, un desconocido ¿qué clase de cosa podría ser suficiente como para asustar a semejante hombre?





Cinderella 13


Capítulo 13


En palacio la noche había caído, la celebración continuaba en el exterior y continuaría así por al menos una semana, después de todo era el príncipe quien se casaba, a Desya le habían llevado a una de las torres para que se preparase para su noche de bodas. Los sirvientes habían querido "prepararlo" adecuadamente, pero él se había rehusado, sintiéndose tocado, vestido, expuesto y analizado, escuchando cada consejo acerca de cómo debía comportarse o sobre las tradiciones de Palacio Desya fue de repente consciente de en lo que se había metido, el miedo lo estaba asaltando a cada segundo que pasaba. Se había unido a un hombre en un momento de debilidad, qué decir de debilidad, en un momento de total estupidez.

—Oh, claro que si, Desya Friggs, sí que la has hecho buena esta vez, algunos comen para vencer la depresión y ¿qué haces tú? Vas y te casas con el primer príncipe engreído que te encuentras, sí que eres original— se dijo a sí mismo mientras se paseaba por la habitación y había que decir que el castaño tenía sus puntos de mérito, la torre en la que lo habían puesto era tan alta que el árbol en el que podría saltar para escapar debía estar unos 10 metros abajo. Estrujándose los dedos se asomó a la ventana comprobando nuevamente que efectivamente era esa la distancia, más o menos— demonios, demonios, demonios....— murmuró asustado. Justo en ese momento escuchó pasos en el exterior y el golpeteo en el pecho le dijo que no podía quedarse ahí, definitivamente no podía quedarse ahí ¿qué iba a hacer? ¿Tirarse en la cama y abrir las piernas dulcemente? Al carajo si iba a hacerlo. Miró las sabanas que cubrían la enorme cama preparada para los recién casados y se preguntó cuántos metros de tela podría haber ahí, sonrió ante la oportunidad y sin dar tiempo a más, comenzó a jalar las telas y a romperlas por la mitad atando las piezas con nudos fuertes, si lograba hacer una cuerda de unos 10 mts sólo tendría que saltar uno o dos metros abajo hasta las ramas más fuertes del árbol ¿qué era lo peor que podía pasar?— solo puedo romperme el cuello— se dijo mientras seguía amarrando la tela, cuando terminó la amarró de la pata de la pesada cama que era lo más cercano a la ventana y la dejó caer por esta, Esperaba que nadie estuviese viendo hacia aquella torre, aunque con lo borrachos que estaban todos aunque lo vieran dudaba que le prestaran atención. Escuchó ruidos y se sobresaltó temiendo que no tuviese tiempo de escapar, pero nadie entró, seguramente Maximilian habría puesto guardias en la puerta para que cuidaran a su dulce noviecita, pues estaba a punto de comprobar que no era tan fácil contenerlo. En un golpe de valor y por qué no decir, también de estupidez, salió por la ventana sosteniéndose de su improvisada cuerda, descendió dando pequeños saltos esperando que la tela no cediera al roce y lo mandase a una muerte segura, cuando llegó al final de la cuerda notó que aún le faltaba un tramo para poder estar cerca de las ramas gruesas. Pasó duro y apretó más las sabanas en sus puños ¿qué iba a hacer? ¿Regresar arriesgando a que la sabana por fin cediera? ¿Y para qué? ¿Realmente estaba dispuesto a ser el juguete de cama de LeRose? No...no lo haría, saltar a las ramas sonaba mucho más atractivo, respiró hondo y se encomendó a todos los dioses, santos, ángeles y protectores espirituales que recordó.

Desya comenzó a balancearse de un lado a otro, se meció rozando las paredes de la torre hasta sentir que iba acercándose más y más a su objetivo pero en el último instante cuando pensó que en el siguiente impulso podría saltar, las sábanas dieron un tirón rompiéndose desde arriba, la tela se rasgó y él se impulsó hacia el árbol en un acto de reflejo y la tela fue rompiéndose lanzándolo directamente a las ramas. Sintió en esos momento que el corazón se le detenía, que el cuerpo se le paralizaba pero no fue así, sus reflejos hicieron acto de presencia y se agarró de lo que pudo, rompiendo un par de ramas antes de poder sostenerse de una que lo resistió. Se quedó varios segundos colgado de ahí, apenas sintiendo el calor de la sangre en su mejilla pues la adrenalina impedía que el dolor lo atormentase, se quedó ahí recuperando la respiración, regulando cada bocanada que el susto le había robado, cuando sintió que su cuerpo podría responderle de nuevo intentó subir sobre la rama pero notó que era inútil, las manos le temblaban, aún estaba temblando del susto que acababa de pasar y los dedos estaban agarrotados alrededor de la madera.

—Vamos...tranquilo...tranquilo...tienes que calmarte Desya, tampoco estuvo tan mal— se dijo a sí mismo y la voz le temblaba— solo casi mueres, nada del otro mundo, todos corremos ese riesgo— se decía mientras se empujaba para ir subiendo, cuando lo logró se abrazó al tronco del árbol— has trepado árboles muchas veces Desya, aquí ya es terreno seguro, tranquilo...tranquilo...— se dijo mientras comenzaba a descender por las ramas, recuperando una tras otra la confianza, finalmente saltando. Para cuando llego abajo las piernas aun le temblaban— No me fallen piernas, tenemos que correr.

En la cabaña del bosque Alastor se dio cuenta de que no podía seguir ahí, en primera instancia ni siquiera debía estar ahí pero después de ver a Miller en el pueblo había sido inevitable que corriera a la cabaña a asegurarse de que hubiese regresado. El rey vivía con el temor constante de que un día, Miller simplemente decidiera escapar, pero las cadenas que le había puesto eran pesadas, como el elefante que sin poder escaparse de las cadenas de pequeño, al crecer aún cree que una débil cuerda podría detenerlo.

Alastor notó que Miller aun dormía a su lado, se le veía miserable pero al menos estaba ahí, le acarició el cabello diciéndose que tendría que traerle algo la próxima vez, algo que compensara su comportamiento, era increíble que el rubio no lo odiase después de todos aquellos años. El rey dejó una última caricia en la mejilla ajena y se levantó, tenía que regresar al festejo, su hijo seguramente ya se había retirado a disfrutar de su festín personal y los embajadores de otros países podían sentirse desatendidos.

En realidad no era como si hubiese algún tipo de peligro real, pero Alastor prefería evitar cualquier enfrentamiento, cualquier situación que le impidiese concentrarse de lleno en el atractivo rubio que tenía confinado en aquella cabaña solo para su exclusivo deleite.

El rey salió de la cabaña y encendió la antorcha que iluminaba el frente de aquel refugio, monto su caballo y regresó a Palacio rápidamente, sin detenerse a contemplar su oasis personal, pues los deseos de quedarse un poco más podrían dominarle, no supo que a medio camino un rubio mucho más joven que el que tenía confinado le había visto pasar.

Desya vio pasar al jinete y supuso que lo estarían buscando ya, nervioso y exaltado de escondió entre los arboles hasta que todo rastro del hombre desapareció y entonces corrió bosque adentro, no se arrepentía de escapar pero sí que se arrepentía de no tener un plan concreto ¿a dónde se supone que podía ir? Tenía amigos pero no podía arriesgarse a que salieran perjudicados por encubrirlo, a su casa obviamente no podría regresar, dudaba que le regresaran a palacio pero también era seguro que no saldría bien parado, a aquellas alturas incluso dudaba de salir vivo. No quería arriesgar a sus amigos y a su casa regresar, ni pensarlo. Solo recordar lo que había pasado lo invadió una ola de tristeza que dio paso a la ira, aquellas dos llevaban su sangre, él lo había dado todo por ellas y a ellas sencillamente no les importaba nada más que el oro que pudiesen sacar de él, en lo que a él respectaba aquel par de mujeres no eran ni serian jamás parte de su familia nuevamente y aunque se decía que no le importaba la verdad es que la traición dolía como una maldita perra.

Cansado de correr siguió caminando a paso apresurado por el bosque, era de noche y aunque la luz de la luna filtrándose por las hojas le dejaba ver más o menos por donde iba lo cierto es que no sabía ni donde estaba, para donde mirase el paisaje era el mismo y el frío empezaba a hacerle difícil moverse, se acariciaba los brazos mientras avanzaba. Lo que llevaba puesto no ayudaba, era ropa ligera por no decir fácil de quitar, la que le habían hecho ponerse justo antes de que pudiese correr a todos aquellos sirvientes de la habitación, justo en el momento en que se había dado cuenta que no podía continuar con aquella farsa.

El matrimonio debía ser algo sagrado, debía al menos haber amor ¿cierto?¿cómo es que había terminado casándose con aquel hombre? ¿Cómo es que había estado incluso a gusto con aferrarse a su calor y a las migajas de cariño que le ofrecía? Él definitivamente no estaba bien...

Sus pasos se alentaron y aunque el frío apretaba sintió algo cálido recorrer sus mejillas para helarse a los pocos segundos, eran sus lágrimas... se sentía tan solo, estaba perdido y sin tener a donde ir, era frustrante pero Maximilian era mucho más poderoso que él y seguramente terminaría encontrándolo y poniéndolo en su sitio.

Caminando solo por el bosque en la situación en la que estaba casi deseaba seguir bajo la influencia del castaño, aun en aquella torre seguro de que todo estaría bien, sin las dudas que lo habían asaltado, sin recapacitar en la situación en la que estaba, seguramente podría haberse dejado llevar como hasta hacia unas horas, refugiarse en los brazos del castaño y sentir aquella seguridad que había sentido en la iglesia, aquella protección y aquel presentimiento de que ahora todo podía estar bien— Son tontos sueños Desya, solo hubiese sido peor— dijo a sí mismo y notó una luz a varios metros, su primera reacción fue correr hacia ella pero diciéndose que debía ser cuidadoso caminó despacio ¿qué hacía una cabaña en medio del bosque? Para empezar aquel, si no se equivocaba, era el bosque en el que se encontraban los siervos del rey, a nadie se le permitía entrar— cierto Desya, valiente idea la tuya huir aquí, eres el único en todo el bosque, tal vez debiste dejar un camino de dulces tras de ti— se regañó a si mismo pero la verdad es que aun con eso, no podía pensar a qué otro sitio podría haber corrido. Se acercó a la cabaña. La antorcha de afuera estaba encendida, debía haber alguien pero ¿quién? Todo estaba cerrado, las ventanas estaban cubiertas, miró arriba y alcanzó a notar que la chimenea estaba encendida. Pensó en tocar y pedir ayuda pero seguramente saldría alguna especie de guardabosques.... Podría decir que estaba perdido pero ¿qué tal si lo llevaba ante el rey? Entonces estaría perdido – o podrías congelarte aquí afuera, seguro que eso sería mejor idiota— murmuró para sí y diciendo que solo quedaba tentar a la suerte, tocó a la puerta, nadie respondió y volvió a tocar, seguramente a aquellas horas el residente estuviese durmiendo, se dijo que lo intentaría una vez más y cuando volvió a tocar una voz se escuchó desde el interior.

— ¿Quién toca?— Miller a aquellas horas sabía que Alastor se había marchado hacía rato pues al despertar con los golpes el lado contrario de la cama no se sentía tibia, si había regresado él podría abrirle sin pensarlo pero aquel no era su rey, no reconocía aquellos toques, el que alguien llegase hasta ahí era extraño.

—Disculpe es que... me he perdido y me estoy congelando... ¿podría pasar?— Miller escuchó la voz y sin saber bien porqué su corazón dio un salto en su pecho, se extrañó, aquel tipo de reacciones solo sucedían cuando su rey iba a verlo después de mucho sin ir, dejó la cadena puesta y entreabrió la puerta, lo que vio mandó un temblor desde su pecho a todo su cuerpo dejándolo helado en su sitio.



No me di cuenta de que no actualicé el capítulo 13 aquí en el Blog. Mi computadora temporal (porque sabía que no funcionaría como la que se descompuso) no está funcionando bien con ciertos programas y otras cosillas, así que estoy tratando de solucionarlo. En un momento más dejaré el siguiente capítulo.